06/07/2026
Desde el terremoto del 24 de junio, todavía no hemos podido volver al edificio donde está nuestra oficina, así que seguimos trabajando desde casa.
Es la primera vez que hago teletrabajo de forma continuada y, la verdad, no es tan fácil como parece.
Es difícil resolver las pequeñas dudas
En la oficina, mi jefe y mis compañeros están al lado, así que cualquier duda se puede aclarar enseguida. En cambio, cuando uno trabaja desde casa, da un poco de reparo llamar por teléfono por cualquier detalle, y eso hace que sea más fácil que surjan malentendidos.
Cada uno interpreta las instrucciones a su manera y avanza con su trabajo. Luego, cuando finalmente se revisa el resultado, más de una vez terminamos pensando: «¿Pero qué ha pasado aquí?»
En los chats es difícil captar el tono
Casi toda la comunicación se hace por chat: recibimos instrucciones, informamos de los avances y resolvemos dudas. Sin embargo, muchas veces cuesta entender el verdadero tono del mensaje.
No es lo mismo que alguien diga «quizás habría que hacer esto» a que realmente quiera decir «esto debe hacerse». Esa diferencia, escrita, no siempre se percibe.
A veces lo confirmamos por teléfono, pero como todos están bastante ocupados, no es posible hacerlo cada vez.
La frontera entre el trabajo y la vida privada se vuelve difusa
Como casi todo el mundo trabaja por chat, siguen llegando mensajes incluso después de terminar la jornada laboral.
Podría ignorarlos, claro. Pero como ya estoy en casa, termino leyéndolos. Si puedo responder rápidamente, respondo. Y así, sin darme cuenta, acabo trabajando una hora más de manera bastante improductiva.
No es una buena costumbre.
Además, el primer día me di cuenta de otra cosa: en casa nadie te ve y es mucho más difícil mantener la concentración.
Por eso, aunque trabaje desde casa, sigo afeitándome cada mañana y me pongo una camisa como si fuera a la oficina.
Tampoco ayuda que casi no vea a nadie. El gimnasio sigue cerrado, así que tampoco puedo hacer ejercicio, y poco a poco empecé a sentirme raro.
Para rematar, empecé a beber alcohol yo solo y, cuando me quise dar cuenta, también había vuelto a fumar. Todo esto me hizo recordar bastante a la época de la pandemia.
Todavía no sabemos cuándo podremos volver a la oficina, pero al menos el gimnasio sí reabrirá, así que parece que la próxima semana podré retomar mis entrenamientos de fuerza.
Ya veremos cómo evoluciona toda esta situación…
Por cierto, ahora mismo también están realizando trabajos de reparación en mi apartamento.

Me llamó la atención lo cuidadosos que son: han protegido todo antes de empezar la obra y trabajan con mucho esmero. Es un nivel de detalle que nunca llegué a ver cuando vivía en una zona rural de México.

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